Text per Censura de la memoria de Dn Ramon Frau sobre una traqueítis crónica por Dn Francisco Borras en 24 de diciembre de 1824

              C.163. Censura de la memoria de Don Ramon Frau sobre una traqueítis crónica por Don Francisco Borras en 24 de Diciembre de 1824 [segell: BIBLIOTECA UNIVERSITÀRIA FACULTAT DE MEDICINA 14 JUN 1934 BARCELONA] C. 163 Consulta propuesta por el Profesor Don Ramon Frau en la Junta literaria del jueves diez y seis del mes actual cuyo estracto es el siguiente. Un suegro de edad 83 años 
con predominio del pulmon y celebro consultó con el autor de la observación por una afeccion de garganta que 14 años hacía estaba sufriendo. Yba acompañada otra afección de un cierto grado de afonía, sequedad y sensación de ardor en la laringe, alguna secreción de un muco viscoso pegadiso, á veces salado, mucha dificultad en su desprendimiento y expulsion, tos proporcionada á esta dificultad y a la cantidad, y a la naturalesa del estimulo, presion dolorosa en la traquea particularmente en su parte inferior, tales eran los síntomas de la afeccion de los organos de la voz. La inspección de la camara posterior de la boca nada descubría. Desprendíase por las aberturas nasales posteriores á intervalos desiguales y segun las alteraciones admosfericas que sentia con la anticipacion de un Barometro, un muco salado, acne, mas ó menos líquido segregado por la mucosa que viste las fosas nasales, y que iba escoriando las partes que tocaba en su decenso, segun expresion del enfermo. Acompañaba 
á los fenomenos locales expresados, una sensacion de tirantez, y hasta de dolor, en los musculos de la parte posterior de la cabeza, y cuello, con desprendimiento de calor, ojos inyectados, semblante animado, y rubicundo, ninguna alteracion en el pulso. La mucosa de la nariz y sus senos participaban del estado inflamatorio, y ulcerados algunos puntos de la misma, eran probablemente el manantial del humor acre corrosivo, á vezes fetido, que por las aberturas posteriores de la nariz, pasaba á la 
camara posterior de la boca. Prosigue diciendo que la inflamacion cronica de la membrana mucosa laríngea, y traqueal, la anunciaban de un modo evidente el ardor, la sequedad, el dolor, y aumento de secrecin. A mas la afeccion de la garganta podía ser idiopatica, esto es reconocer una causa, que habia obrado sobre la misma parte tan solamente, y al contrario estár sostenida por la lesion patologica de algun organo interior, propagado por s impatía, pero el mismo autor dice que no descubrio 
en su enfermo daño alguno en sus organos interiores; si bien le tubiesron receloso una hemoptisis activa y un ataque de pecho que sufrio, aquella en el año 1810, y este en aquella en el año 1810, y este en 1811, y la conformacion viciosa de esta parte, que pudiendo amagar alguna leve lesion en los organos que encierra, fijó su atencion hacia ellos y obligole á no descuidar la menor alteracion en sus funciones, que acaso sobreviniera durante el tratamiento. Sin embargo lo dicho el enfermo descansaba bien en la cama en todas posiciones, que á pesar de los mayores fríos y calores no había exprimentado el menor dolors al pecho 
despues del ataque del año 1811. Por lo tocante al vicio especifico que pudiera dice haber desarrollado la enfermedad, es de advertir que dicho enfermo padecía catorse años antes, una blenorragia algo intensa, y la inflamacion venerea del testiculo, descuydadas en su tratamiento, daban margen 2 segun c ree el autor á sospechar fundadamente la existencia del vicio que las 
produjo. Dictamen Despues de haber refleccionado y hecho cargo de los diferentes síntomas que acompañaban afeccion, que el autor considera ser una inflamacion cronica de la mucosa traqueal, y laringea, y haber cotejado dichos síntomas con otra de la misma clase no tendría ninguna duda en asegurar fue una angina laringea, traqueal, y bronquial, exaltada, al mayor grado de violencia ó intensidad, acompañada de la inflamacion y ulceracion venera cronica de la mucosa de la nariz, y partes con quienes dicha membrana tiene relacion. En efecto no hay mas que traer en la memoria los diferentes síntomas que la acompañan, para desde luego venir en conocimiento de ser la tal la que el enfermo padecio. En comprobacion de la verdad, no hace muchos días que me despedí de un enfermo atacado de la misma enfermedad en question acompañada de los mismos síntomas referidos, con 
expectoracion algunas vezes de mucosidades , cuya consistencia y figura las hacía confundir con porsiones del conducto aereo. Siendo pues una enfermedad inflamatoria la que se deve combatir, no hay duda que el plan antiflogistico es el que hace mejor papel para la curacion de la dicha enfermedad; así vemos produjo buenos efectos el plan propuesto dos vezes repetida de sanguijuelas, junto con una cataplasma emoliente con el objeto de cerrar lentamente é insensiblemente las aberturas de las sanguijuelas, y calmar la irritacion de estas, y al mismo tiempo precaber los progresos de la inflamacion de que se trata, acompañado de alguna orchata, é inspiracion de vapores emolientes; añadiendose al día siguiente á los medios empleados con baño general templado. Con el dice principiaron ha ceder progresivamente todos los síntomas, indisio evidente de ser este el tratamiento indicado y la necesidad de su continuacion. La mejora era todavía mas manifiesta el día siguiente bueve en que se administró nuevo baño general, sigu iendo el anterior tratamiento, hasta que por fin el doce destruida en su mayor parte la inflamacion general, fue cubierto el cuello de una cantarida, la que se mantubo abierta hasta el dia doce, en cuyo día estaban reducidos todos los síntomas á una leve sensacion de ardor y sequedad en la laringe: todavía el humor que bajava por las fosas 
nasales psteriores escoriva la mucosa laringea. Aora bien, a oesar de haber con el plan anti-flogístico de haber con el plan anti-flogístico logrado desvanecer la mayor parte de los síntomas ¿se podría todavía el Facultativo tenerse por dichoso de haber curado la enfermedad a pesar de la disminucion de síntomas que notaba? no por cierto. Este era uno de aquellos casos en que el facultativo por mas sabio y practico y con aquel tiño devido en la prescripcion de los remedios no ve lograr los afectos que se propone, por no atender 3 en el principio á la causa y origen del mal. Ciertamente que si los Profesores que trataron al 
principio al enfermo hubiesen examinado la causa productira del mal y haber tratado luego de combatir el virus específico, no hubieran dado margen á que se desembolviesen los síntomas inflamatories con tanto rigor; síntomas que á no ser por la pericia con que los combatio el autor hubieran sin duda comprometido la vida del doliente. Todos los días vemos en la practica originalmente enfermedades mas ó menos agudas de resultas de la retropulcion del virus sifilitico, herpetico, sarnoso, Barioloso de cuyo virus desarrollando una inflamacion de mal caracter, en alguna de las partes mas nobles de la economía sorprenderia al Facultativo poco instruído, como no pocas vezes por desgracia lo vemos por falta de no haber explorado bien la 
causa del mal. Así vemos por exemplo que la sarna retropulsa ataca comunmente al Pulmon, y de aquí originarse la tisis el Profesor que en este caso tratase solamente de combatir la afeccion del pecho ¿cumplirse con las reglas que la sana practica dicha poner en huso en semejantes casos? muy al contrario; lo que devenía en aquel entonzes hacer sería tratar de inocular otra vez el virus, y si no lo pudiese verificar por falta del espesífico valerse de fuertes estimulos tales como vegigatorios y de 
todos aquellos que promoviesen una hirritacion á la piel con el fin de llamar el humor hacia fuera, entendiendose lo dicho en el principio de la afeccion. Varios otros exemplos podría stár en comprobacion de esta verdad pero los estrechos límites del tiempo, no permiten hacerlo; solo si me limitere en referir un caso de un enfermo de este hospital por considerarlo analogo al del que nos ocupa nuestra atencion; hace como cosa de tres meses que otro sugeto adolece de una obtalmia inflamatoria de las mas rebeldes en ambos ojos; la que a pesar del plan en que lo tenía puesto mi antecesor de la aplicacion de sanguijuelas alrededor de los parpados y frente, de cantaridas detrás de las orejas y de llebar puesto desde el primer día un sedal en la 
nuca; a pesar digo de lo bien aplicados que fueron dichos remedios no se pudo lograr el alibio que se esperava. Abiendome en aquel entonzes encargado de la vísera, y examinado el estado del enfermo dispuse la repiticion de sanguijuelas y el día siguiente vegigatorios, todo lo que repitio por guarro ó sinco vezes, pero biendo que el estado de la inflamacion se mantenía en el mismo estado, me resolví hacerle con la punta de una lanzeta pequeñas escarificaciones en la conjuntiva, con el objeto de 
destruir el engorgitamiento de los basos, para ver si con la sangría topica podría lograr los efectos que me proponía, En 
efecto logré por algunos días aflojar algun tanto la inflamacion. Bolbiendo a pocos días a ponerse en el mismo estado que antes y biendo que el enfermo se hallaba incomodo por tmor de no perder la vista, le pregunté si alguna vez había padecido venereo, y dixo que por el mes de Julio de este año había sufido una nlenorragia que fue suprimida 4 intempesti bamente desde aquel 
entonzes no dudé que lo primero que combenía por hacer para calmar los sintomas inflamatorios, era inocular el virus 
blenorragico, asi es que trato de verificarlo luego que tenga proporcion para ello. He hay un caso igual al del enfermo que es el objeto de la observacion. Ynsiguiendo el plan trasado por el autor en la discripsion de los remedios, prosigue diciendo que no quedaba que destruir mas que los efectos de una lue veberea imbeterada y para esto le dispuso por vevida dos terceras partes de dos libras del cocimeinto saturado del guayaco, zarzaparrilla, y zarzafras, que devia segun el facilitar la accion de una quarta parte de grano del sublinado corrosivo en un bazo de leche y igualmente le prescribio. Sospechando si la hirritacion que 
por dos vezes experimentó el enfermo la ocasionava el gauyaco le obligo á sospenderlo, substituiendolo en lugar del referido el zazafras y zarzaparrilla. A mas añadio el tratamiento referido, una adarme de unguento mercu rial terciado en friccion debajo el sobaco. Para concluir con la discrimacion de los remedios, basta decir que tomô seis granos del sublimado corrosivo y dies dragmas del unguento mercurial terciado en friccion desde el 22 de Agosto, hasta el 28 de Setiembre, en que cesó todo medicamento, por haber tenido que emprender un largo viage. El metodo curativo prescrito por el autor consiste en la administracion del sublimado corrosivo metodo que hubiera premeditado mucho, antes de su administacion y mucho mas siendo por 
interno, pues sabemos deve irse con mucho cuidado en prescribirle, a causa de que esta sal corrosiva ella, y corrosivos los principios de que consta ataca directamente á todas las partes mucosas, moviendo ó causando en los organos que la segregan irritaciones tan fuertes que llega á ulcerarlas. El mecanismo ó modo como lo verifica es imposible descrivirlo, pero si atendemos á los principios de que consta veremos que cada uno de ellos, escapas de causar una grande al teracion en las partes espresadas. Creíase que el sublimado era una sal compuesta del oxido de mercurio y el acido muriatico sobre oxsigenado, y que 
el oxsígeno era quien le daba su causticidat, por eso se llamava muriate sobre oxigenado de mercurio, pero en los ultimos adelantos de la quimica se sabe constar esta sal del poroxide de mercurio llamado precipitado rojo; y de un acido llamado acido idrodenico por constar de los cuerpos simples idrogeno y clore, y se llama deuto idroclorate de mercurio; se entiende esto en estado líquido que es el que se acostumbre aplicar, pero no en el de sequedad que entonzes consta tan solo de los principios constitutivos clore y mercurio. El sublimado tomado pues ya en estado de cloruro ya en el de idroclorante que es del modo que lo ha tomado el enfermo en question, es una sal corrosiva que ataca directamente al pulmon, y a todas las partes mucosas 
causando en ellas una fuerte irritacion; por lo que se puede presumir que la escoriacion que qued ava despues de la aplicacion de dicho remedio fué en parte movido 5 por el deuto hidro clorate de mercurio. Se presumio que el guayaco era quien causaba esta iritacion y por los motivos espresados se ve claramente que no fue este el que la ocasionô pues que es mas regular el que la ocasione un cuerpo iritable y corrosico que otro que es innocente del todo tal es el guayaco. Las fricciones mercuriales habran sin duda ayudado al expresado mal, pues que es bien sabido la tendencia tiene el sebate de mercurio á las partes 
mucosas, principalmente habiendo ya predisposicion por parte del sublimado. Si en vez de aplicr friegas y el sublimado á un mismo tiempo se hubiera empleado separadamente sin duda habria producido mejor afecto. En este enfermo tenemos dos afecciones una causada por los preparados mercuriales que ha tomado y otro por el venereo. Así es del caso corregir primero los efectos 
del mercurio para despues poder curar al enfermo del virus vebereo. Por lo tanto trataría p rimero al enfermo con unas píldoras sulfuricas mescladas con algun purgante sabido es que el azufre es el cuerpo que se puede mejor administrar para neutralisar el mercurio y corregir el mal que este haya podido producir: al tiempo que tomaría esto se le deveria administrar con tisana sudorífica, y no sería malo mesclar con ella un poco del arrope de Lafecter sin sublimado. Castrado la actividad del mercurio por el metodo indicado trataria de combatir el [?] venereo, para esto es casi preciso el mercurio; per se deve hechar mano de aquellos preparados que no tengan tendencia á las partes mucosas; el que a mi modo de entender es el mas adequado en este caso sería la sal mercurial soluble. Esta sal a mas de la ventaja de ser un material soluble é inocente tanto ella como los principios de que consta la practica nos ha enseñado el que obra como un purgante, y no hay apenas un solo caso en el que haya atacado á la boca. No reuso yo del todo el hidroclorate de oro, pues que es v erdad ha producido buenos efectos, pero el mayor numero de observaciones que se an hecho aserca la sal mercurial soluble, su menor coste, y su mayor facilidad en obtenerla me inclinan ha preferirla al muriarte de oro, y por lo mismo despues de haber corregido los efectos del mercurio por el metodo indicado; trataria al enfermo con una disolucion de la espresada sal en agua destillada á cucharadas aumentando la dosis gradualmente acompañado de una tisana sudorífica, y el arrob sin sublimado. Por lo tocante á la Ocena soy de dictamen que no se deve administrar ninguna preparacion mercurial hasta que quede combatido el mercurio que tiene tomado el enfermo, y logrado esto, no tendría el menor reparo en administrarle las fumigaciones del sinabrio. He aquí resueltos los tres puntos que xpone el observador, esperando, que á donde mis cortas luces no hayan podido alcanzar ya por la brebedad del tiempo como tambien por mis ocupasiones lo aclaran mas y mas con sus obserbaciones los dig nos y sabios profesores qyue forman esta junta litararia. Barcelona 23 de diciembre de 1824 Francisco Borras [rúbrica] [segell: BIBLIOTECA UNIVERSITÀRIA FACULTAT DE MEDICINA 14 JUN 1934 BARCELONA]