Ibáñez, en El gallo, el león y el raposo, fáb. 20, lib. III, retrata así la va-
nidad del gallo:
Un gallo, presuntuoso porque ha visto huir a un león mientras cantaba,
se ensoberbece y cree que ya todos los animales se asustarán con su canto.
Pero una zorra ladina hace como si siguiera el compás, y al terminar se
da un gran festín de pollo.
Ollero, en El gallo, la gallina y la perdiz, fáb. 20, lib. II, refiere el carácter
comodón y poco amigo de utilizar las alas, de una gallina que había sido in-
cubada y amorosamente criada por una perdiz.
Ésta se esforzaba en adiestrarla en el vuelo, y la gallina se empeñaba en
hacer el mínimo esfuerzo. Opinaba que no tenía necesidad de tanto trabajo
para buscarse su alimento, ya que siempre lo encontraba a su disposición en
el gallinero.
Florián, en Le jeune poule et le vieux renard, nos cuenta así la inocencia
y falta de astucia de la gallina.
Una polla inexperta es encontrada, al atardecer, un poco lejos del ga-
llinero por una zorra vieja y ladina.
La zorra se acerca melosa, y fingiendo buenos sentimientos se ofrece a
acompañarla hasta su domicilio, ya que la noche y la soledad del campo in-
vitan a prestarle su solícita compañía.
La polla, incauta, parece satisfecha de tan fino cumplido y al llegar a
sus dominios se introduce la zorra en el gallinero, produciéndose una épica
carnicería.
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