La invita a que baje a los prados, donde encontrará llanuras verdes, buenas
y abundantes hierbas y toda clase de alegrías.
La prudente respuesta de la cabra es ésta: «No te canses en sermonearme,
pues, aunque tus palabras son ciertas, es bien claro que tu intención es mal-
vada.»
Samaniego, en El león y la cabra, fáb. 15, lib. IV, aprovecha el mismo
motivo, que lo termina con esta graciosa respuesta de la cabra:
«¿Desde cuándo, señor, la real persona
cuida con tanto amor de la barbona?
Esos halagos tiernos
no son para bien, apostaré los cuernos.»
Esopo, en Del lobo y del cabrón, fáb. 9, lib. II, pinta la prudencia de este
cabrito ante las asechanzas del lobo.
El mismo argumento es versificado por La Fontaine en su fábula Le
loup, la chébre et la chevreau> fáb. 15, lib. IV, y por Ibáñez, en El lobo y el
cabrito, fáb. 40. Como la descripción de La Fontaine es la más interesante,
a ella me atengo para mi resumen.
La cabra sale a pastar y deja a su cabrito encerrado, no sin antes hacer
unas prudentes advertencias con relación a las asechanzas del lobo.
Éste, que escuchó el sermoncito, en cuanto la cabra se aleja, imita su voz
para requerirle que abra su refugio.
El cabrito le pide como contraseña que le muestre la pata blanca de su
madre.
Y como esto es imposible, pues el cabrito sabe que el lobo las tiene negras,
fracasa el malvado intento de su enemigo.
Ollero, en La cabra, el burro y el buey, fáb. 59, lib. III, nos pinta el deseo
incorregible de la cabra en busca de su libertad.
Los tres animales vivían en la misma estancia con sólida protección,
pero la cabra soñaba y pedía la dejaran salir al campo. Sus compañeros de
morada en vano intentan disuadirla de su empeño, hasta que cansados de oír
sus solicitaciones, el buey de un cabezazo rompe la puerta, y la cabra, alegre,
se va para el monte.
Mas, cuando se creía feliz, es devorada por un lobo.
Samaniego, en Las cabras y los chivosy fáb. 16, lib. II, nos informa de un
rasgo de vanidad.
Los chivos se sienten molestados en su presunción y altanería, al darse
cuenta que también las cabras tienen su barba, lo que creían el espejo de sus
ínfulas.
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